¿Se Puede Amar Sin Deseo Sexual?
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Hablar de amor y deseo sexual como si fueran lo mismo es uno de los grandes errores que seguimos arrastrando cuando pensamos en las relaciones de pareja. En terapia lo veo constantemente. Es muy habitual escuchar frases como “si ya no le deseo, será que no le quiero” o “si amo a mi pareja, ¿por qué no tengo ganas?”
San Valentín nos pone frente al espejo de nuestras relaciones. Es esa fecha en la que las expectativas sobre el amor, la pasión y la intimidad se disparan. Pero ¿qué pasa cuando el amor está, pero el deseo sexual brilla por su ausencia? ¿Significa eso que algo va mal?
La realidad es que amar sin deseo no solo es posible, sino relativamente frecuente, especialmente en relaciones largas. Y no, no significa automáticamente que la relación esté rota, ni que exista infidelidad emocional, ni que haya “algo mal” en ninguna de las dos personas.
Como psicosexólogo, quiero explicarte por qué el amor y el deseo no siempre van de la mano, qué dice la ciencia al respecto y cómo entender esta diferencia puede ayudarte a vivir tus relaciones con menos culpa y más claridad.
Uno de los puntos clave para entender si se puede querer a alguien sin sentir deseo está en el cerebro. Aunque culturalmente los unimos, el amor y el deseo sexual activan circuitos neuronales diferentes.
El deseo sexual está principalmente relacionado con sistemas dopaminérgicos, asociados a la motivación, la novedad y la anticipación. Es el motor que nos impulsa hacia experiencias que queremos vivir.
El amor como apego, en cambio, está más vinculado a la oxitocina y la vasopresina, hormonas relacionadas con el vínculo, la confianza y la seguridad emocional.
Esto explica por qué, con el paso del tiempo, la intensidad del deseo puede disminuir mientras el vínculo afectivo permanece o incluso se fortalece. No es una disfunción, sino una adaptación neurobiológica.
De hecho, estudios en neurociencia afectiva muestran que las relaciones duraderas suelen pasar del amor pasional al amor de apego sin que eso implique insatisfacción relacional (Acevedo et al., 2012).
Cuando hablamos de querer a alguien sin sentir deseo —especialmente en relaciones estables y de larga duración— suelen confluir varios factores.
El cerebro humano responde con mayor intensidad a lo novedoso. La rutina, la convivencia y la previsibilidad reducen la activación del sistema de recompensa asociado al deseo sexual.
El estrés laboral, la carga mental, los problemas de salud, los cambios hormonales o determinadas etapas vitales exigentes afectan directamente al deseo, sin que el amor se vea comprometido.
Muchas parejas mantienen un fuerte vínculo emocional, pero descuidan la intimidad erótica. Comparten responsabilidades, preocupaciones y afecto, pero el espacio del erotismo va desapareciendo poco a poco.
En este sentido, amar sin deseo rara vez es un “fallo” individual. Con frecuencia es el resultado de dinámicas relacionales y contextuales que no se están atendiendo.
Una de las mayores preocupaciones asociadas a amar a alguien sin sentir deseo es la fidelidad. Existe la creencia extendida de que, si el deseo desaparece dentro de la relación, inevitablemente aparecerá fuera.
La evidencia científica muestra una realidad más compleja. El deseo sexual puede dirigirse hacia otras personas incluso cuando existe un fuerte vínculo afectivo con la pareja principal. Esto no invalida el amor, pero sí cuestiona la idea tradicional de una exclusividad absoluta del deseo.
La fidelidad no depende únicamente del deseo. Está determinada por acuerdos, valores compartidos, comunicación y responsabilidad afectiva. No sentir deseo no predice automáticamente una infidelidad, pero sí puede ser una señal de que conviene revisar cómo se está cuidando la relación a nivel íntimo y emocional.
Otro aspecto que suele pasarse por alto cuando hablamos de amar sin deseo es la relación con el propio cuerpo. Existen determinados factores que actúan como mecanismos de protección y provocan una disminución de la libido.
Cambios corporales e inseguridades
Molestias físicas o dolor durante el sexo
Experiencias sexuales previas poco satisfactorias
Falta de comodidad o desconexión con el propio cuerpo
Aquí cobra especial importancia la vivencia corporal del encuentro íntimo. Cuando no nos sentimos cómodos con nuestro cuerpo o percibimos que no lo hemos cuidado lo suficiente, aumenta la inseguridad y el deseo difícilmente aparece.
Cuanto más nos cuidamos, mejor. Prestar atención a la piel, a las sensaciones y a la comodidad durante los encuentros íntimos ayuda a reducir tensiones y facilita que el cuerpo vuelva a estar receptivo al deseo.
Crear rituales compartidos de autocuidado —como el contacto sensual, masajes o el uso de productos íntimos de alta calidad — puede fomentar la comodidad, la sensibilidad y la complicidad, abriendo la puerta a reconstruir la intimidad compartida.
Uno de los errores más comunes es pensar que el deseo funciona como un interruptor. En realidad, el deseo es dinámico y cambia según el contexto, la relación y la etapa vital.
En muchas parejas, el deseo no desaparece, sino que se inhibe. Esto suele ocurrir por la acumulación de factores como el estrés, la falta de comunicación o experiencias sexuales poco satisfactorias , el miedo a decepcionar a la pareja o la presión por “tener que” desear.
Por eso, abordar el deseo muchas veces implica dejar de perseguirlo directamente y empezar a crear las condiciones que faciliten su reaparición:
Seguridad emocional
Reducción de la autoexigencia
Recuperación del juego y del contacto sin objetivos
La sexología ha introducido un concepto clave para entender por qué se puede amar sin sentir libido: la diferencia entre deseo espontáneo y deseo responsivo.
Aparece “de la nada”, sin estímulo previo, y suele asociarse erróneamente con la normalidad, especialmente en las primeras etapas de la relación.
Surge como respuesta a estímulos agradables una vez que la intimidad ya ha comenzado. Es decir, el deseo aparece después de la excitación, no antes.
Muchas personas —especialmente en relaciones de larga duración— dejan de experimentar deseo espontáneo, pero conservan intacta su capacidad de disfrute cuando el encuentro se da sin presión. Comprender esta diferencia reduce angustia innecesaria y permite replantear la intimidad de una forma más realista.
Aunque amar sin deseo puede formar parte de la normalidad, hay situaciones a las que conviene prestar atención.
La ausencia de deseo genera un intenso sufrimiento personal
Existen conflictos constantes o sensación de desconexión profunda
El sexo se vive como una obligación, con miedo o evitándolo de forma persistente
La situación afecta a la salud sexual y al bienestar general
En estos casos, no se trata de forzar el deseo, sino de comprender qué lo está bloqueando. La intervención terapéutica se centra más en el contexto emocional y relacional que en técnicas concretas. El deseo no se recupera a base de instrucciones, sino de cambios en la forma de vincularse.
Responder a la pregunta de si se puede amar a alguien sin deseo implica salir del pensamiento binario. Sí, es posible amar profundamente sin sentir deseo sexual en determinados momentos de la vida. Y no, eso no convierte automáticamente una relación en un fracaso.
Este San Valentín, en lugar de centrarnos en las expectativas sobre lo que el amor o el deseo deberían ser, podemos aprovechar para reflexionar sobre lo que realmente está ocurriendo en nuestra relación. El reto no está en exigirle al deseo que funcione siempre igual, sino en escuchar lo que su ausencia intenta decirnos.
A veces habla de cansancio. Otras de rutina. Otras de desconexión corporal. Y en ocasiones, simplemente, de encontrarnos en una etapa vital distinta. Comprender esto nos permite cuidar mejor nuestras relaciones de pareja, nuestro cuerpo y nuestra salud emocional.
Referencias
Acevedo, B. P., Aron, A., Fisher, H. E., & Brown, L. L. (2012). Neural correlates of long-term intense romantic love. Social cognitive and affective neuroscience, 7(2), 145–159. https://doi.org/10.1093/scan/nsq092
Basson R. (2001). Using a different model for female sexual response to address women's problematic low sexual desire. Journal of sex & marital therapy, 27(5), 395–403. https://doi.org/10.1080/713846827
Perel, E. (2006). Mating in captivity: Reconciling the erotic and the domestic. HarperCollins.